A ti que llevas cargas pesadas y empiezas a doblegarte ante la situación. A ti que has perdido a un ser querido o cuidas con amor de un discapacitado; a ti que cruzas y sufres un divorcio, a ti que te encuentras atrapado en las garras de una sustancia, a ti que luchas contra el alcohol, el tabaco o la pornografía, a ti que no sabes como dejar un mal hábito y te sientes completamente incapacitado de salir adelante física y mentalmente, a ti que te enfrentas a la atracción y la lujuria, a ti que tienes terribles sentimientos de depresión o ineptitud, a ti que sonríes pero en verdad ya no puedes más ni un día más.
Te prometo que te entiendo, estamos juntos en esto, yo también soy un lío y hasta un posible caso perdido para el mundo, pero no para Dios. Dios debe haber tenido algo en mente cuando me hizo así y cuando te hizo a ti también. Cuando creas que el viento ruja en tu vida y te sientas abandonado... ¡CLAMA! como lo hicieron hace miles de años aquellos hombres quebrados e imperfectos durante la tempestad de galilea: “Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos?”, es justo ahí donde debemos recordar:
A ti que llevas cargas pesadas y empiezas a doblegarte ante la situación. A ti que has perdido a un ser querido o cuidas con amor de un discapacitado; a ti que cruzas y sufres un divorcio, a ti que te encuentras atrapado en las garras de una sustancia, a ti que luchas contra el alcohol, el tabaco o la pornografía, a ti que no sabes como dejar un mal hábito y te sientes completamente incapacitado de salir adelante física y mentalmente, a ti que te enfrentas a la atracción y la lujuria, a ti que tienes terribles sentimientos de depresión o ineptitud, a ti que sonríes pero en verdad ya no puedes más ni un día más.
Te prometo que te entiendo, estamos juntos en esto, yo también soy un lío y hasta un posible caso perdido para el mundo, pero no para Dios. Dios debe haber tenido algo en mente cuando me hizo así y cuando te hizo a ti también. Cuando creas que el viento ruja en tu vida y te sientas abandonado... ¡CLAMA! como lo hicieron hace miles de años aquellos hombres quebrados e imperfectos durante la tempestad de galilea: “Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos?”, es justo ahí donde debemos recordar:
Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.
Mateo 11:28